DIGAMOS BASTA

NOTA DE OPINIÓN

Foto: RTVE.

En un país que atraviesa un momento vibrante, tumultuoso y violento, el fútbol vuelve a ser noticia por factores externos al deporte. En este triste contexto social, quedó en evidencia que el fútbol está politizado y la política está «futbolizada». En este artículo se detallarán las acciones que, para mí, desencadenaron en este vergonzoso final, y otras que también, aportan para que la bola de nieve siga creciendo aún más. Al final, se expondrá una manera de intentar parar esta mancha o cicatriz, para que el día de mañana, nuestros hijos o nietos puedan volver a tener la tranquilidad de concurrir a los estadios que alguna vez existió.

Por: Mike Luca (@MikeLuca98).

En esta catástrofe no existe un responsable, ya que en mi consideración los culpables somos todos. Al utilizar el término «somos», indudablemente me hago cargo también, porque los periodistas (principalmente deportivos) también somos partícipes de esto: respondemos a intereses externos, siendo portavoces de los dirigentes, tapando las irregularidades de estos y, generando que nuestros seguidores, ya sean televidentes, oyentes o lectores dejen de lado otras opciones para cerrarse en una única realidad. Otro factor en el que el periodismo es partícipe, es en la búsqueda del constante sensacionalismo, con el afán de vender un poco más y sin medir las consecuencias que pueden generar. No nos olvidemos que los comunicadores muchas veces somos creadores de conciencia, y ese es un peso o poder que nos debería concientizar a nosotros mismos. Molesta el hecho de que varios colegas quieran llevar constantemente «agua para su molino» a toda costa.

Fuente: AFP.

Publicamos notas con títulos como «ganar o morir» o «la tercera guerra mundial» para definir a un simple partido de fútbol, que al fín y al cabo termina siendo eso. Esta utilización del lenguaje belicista en nuestros textos y la exigencia que le imponemos a los protagonistas para que nos den una respuesta polémica también genera discordia. Y en algunos casos inexplicables, están también los que escriben en sus redes sociales «Riber» en vez de River. A pesar de todo esto, seguimos lavándonos las manos y culpando a unos pocos. El autor Omar Rincón expresó en su texto «buenos periodistas, malos medios» que en otros tiempos, el periodista «militante» era aquel que militaba únicamente por la verdad, hoy en día la militancia pasa por otro lado. En fin, lo que le pido a mis colegas es que tengan en cuenta el por qué se lo llama al periodismo como «el cuarto poder». 

Foto: Tyc Sports.

La inoperancia con la que actúa mucha veces la policía de nuestro país fue otra vez foco de la escena en un suceso tan relevante. La soberbia desconsiderada de la ministra de seguridad Patricia Bullrich al declarar en un programa de televisión hace apenas unas semanas: «si vamos a organizar un G20, ¿cómo no vamos a poder organizar un Boca-River?. O también manifestando que : «las barras y los violentos no entran al fútbol porque los tenemos en la lista de derechos de admisión». O con su frase que considero como favorita: «el que no arriesga no gana», siendo totalmente desmedida e imprudente, ya que esto se trata de vidas humanas. Esa arrogancia le jugó totalmente en contra una vez que todo ocurrió.

Foto: El intransigente.

Ya que evidentemente no pudo organizarlo con efectividad, y sin lugar a dudas preocupa a gran parte de los argentinos de cara a una cumbre tan importante. Hicieron rodar únicamente la cabeza de un responsable, la de Martín Ocampo, quién se desempeñaba como ministro de seguridad porteño, y fue el único que se hizo cargo de los errores, aunque a medias, ya que antes de dejar su cargo mencionó a Luis D´elía, ligándolo a la barra de All Boys y haciéndolo partícipe de los lamentables enfrentamientos entre la barra del club de Floresta y la policia federal. Pero esta desidia no es propia únicamente de la ministra ni del ministro, ya que el presidente de nuestra nación, Mauricio Macri, comentó recientemente que tenía ganas de que esta gran final se juegue con público visitante; vaya a saber quién impulsó este pensamiento en el máximo líder, uno duda de que se le haya ocurrido esta semejante locura a una personalidad tan pertinente, sólo se le podría ocurrir a una niña de siete años que se juegue este encuentro con ambas parcialidades, cuando en todo el año se jugó la mayoría de las ocasiones sin las dos hinchadas.

Al fin y al cabo, Macri se exhibió con ansias de mostrarle al mundo una sociedad próspera y correcta. Por ende, mostrarle una sociedad al mundo que lamentablemente no existe en la Argentina. Espero que este balde de agua fría le sirva a nuestro máximo mandatario para darse cuenta de una vez por todas del país que preside, sin minimizar las situaciones y trabajando para de una vez por todas intentar modificarlo. Aunque está más que claro que la única salida es la educación, y por lo que se ve, no es un objetivo concreto de nuestros representantes. Una sociedad que piensa es difícil de dominar.

 

Foto: Pasión Fútbol.

Imposible obviar las declaraciones desafortunadas de los verdaderos protagonistas del juego, que al fin y al cabo, pareciera que no consumieron en los últimos días a los medios de comunicación, observando los nefastos actos que sucedieron luego de la suspensión y en los días siguientes. Y lo que es peor, pareciera que a algunos no les alcanzó con, siquiera vivir el hecho desencadenante de todo este caos. Carlos Tévez y Darío Benedetto, ambos referentes de este Boca finalista, fueron tajantes con sus palabras al decir: «que le den la copa a River, si ellos manejan todo». Innecesario desde el punto de vista de que son líderes en su equipo, con la posibilidad de contagiar este pensamiento en miles o tal vez, millones de personas. Este pensamiento agresivo y ofensivo que se puede excusar con el momento en el que fue expuesto, ya que estos dichos se dieron al salir del vestuario de River, luego de permanecer durante seis horas sin respuestas concretas de la Conmebol.

Pero que más allá de esto, se podrían haber evitado. Similar fue la situación del presidente del Club Atlético River Plate, Rodolfo D´onofrio, quién en el día de la fecha habló con la siempre presente prensa deportiva y disparó hacia Daniel Angelici, con frases hirientes y desconsideradas: «vení a jugar, no somos tan buenos, nos pueden ganar. Dejá de presentar planillas y vení a jugar». Son expresiones dignas de un barra brava o de un aficionado del «millonario» discutiendo deliberadamente mediante Twitter; no del máximo dirigente de una de las instituciones más prestigiosas del país. A lo que todavía no le encuentro el motivo, es el por qué de la omisión del periodismo de preguntarle sobre la reventa de entradas, el posible vínculo de la dirigencia con la barra y sobre los recientes allanamientos realizados en El Monumental.

Foto: Federico Imas.

Es entendible que a veces los protagonistas busquen responder a las exigencias de los hinchas, o intenten no dejarse pisotear por la vereda de en frente, pero de cualquier modo, deben hacer todo lo posible para mantenerse al margen de estas «chicanas» innecesarias. El presidente de Boca Juniors cometió el grave error de faltar a su palabra, ya que se mofó expresando el día del desastre que «los partidos se ganan en la cancha», y tras unos instantes, decidía hacer la protesta formal y terminar pidiendo los puntos. El motivo central de esta resolución nos excede, algunos pensamientos lo atribuyen a que cuando Angelici dio su pensamiento inicial, rápidamente se generó el hashtag en Twitter «#AndateAngelici». Otras creencias lo llevan al lado de que pudo hablar con la comisión directiva del club e inmediatamente le cambió la postura. Al fin y al cabo son suposiciones, pero otra vez demuestra que en muchas ocasiones, terminamos siendo esclavos de nuestras propias palabras.

Foto: Getty.

Todos polémicos entredichos pueden verse explicados, como expresé anteriormente, por una intención de conformar a los hinchas desesperados y expectantes por una resolución favorable, aunque esta implique llegar hasta las últimas circunstancias. Y aquí entra en juego el último eslabón de esta cadena de errores, el último responsable de este lamentable final: los hinchas de los clubes. Vivimos criticando, repudiando y desligando la culpa a los barras, refiriéndonos a estos como los únicos comprometidos en generar disturbios, pero nosotros somos parte de estos «rebeldes sin causa», con la simpleza de cantar las mismas canciones que cantan estos asesinos y mafiosos. Cuando el hincha de Boca canta «vayan comprando el cajón para el tercero», haciendo alusión a un lejano enfrentamiento en el que «La 12» ejecutó a dos hinchas de River. O los hinchas de «la banda», que entona desde su cómoda platea del fragmento de una canción que dice: «que paliza que te dieron, los borrachos del tablón».

Este hecho se puede explicar desde el denominado «hombre-masa», ya que los hinchas se dejan llevar por el momento y gritan despavoridos canciones compuestas por verdaderos delincuentes. Sé, comprendo y entiendo el amor que tienen muchos por sus respectivos clubes de fútbol. Es una pasión que sólo pueden entenderla los que la comparten. El problema está en quién conoce de esta locura masiva. Porque los que realmente están al tanto de este sentimiento y se aprovechan del mismo, son los presidentes de los clubes. Ellos saben más que nadie que el verdadero hincha siempre va a estar, porque la lealtad por el equipo de fútbol traspasa barreras. El fanático puede pagar una entrada a cualquier costo, puede bancarse un pésimo momento futbolístico, si sus posibilidades le permiten acompaña a sus jugadores hasta otras provincias u otros países y otras demostraciones de fervor que son parte del bendito folklore que tanto caracteriza a nuestro fútbol.

Foto: EFE.

Esta adoración inexplicable es aprovechada por los mandatarios de las instituciones, y por esto mismo mi propuesta es hacer un gran sacrificio, una renuncia casi efímera, casi una privación temporal que atenta con nuestra felicidad. Propongo que los hinchas de Boca y River se prohíban de ir a la cancha sólo por seis meses, ya que de esta manera dejarán de ser un títere y no serán más los «monos del circo», quedando a total disposición del domador. Tomando esta dolorosa decisión, algunos sentirán que le están haciendo un mal al club, ya que no aportarán su granito de arena para que su entidad siga creciendo.

Es entendible también el tema de la imposibilidad o dificultad desmesurada existente en estos dos clubes de hacerse socio para ir a verlo jugar. No es menor y sin lugar a dudas es un factor determinante. Pero hay ciertos sacrificios que es mejor hacerlos, para dejar de darle el gusto a los que dominan todo desde su sillón y se desvinculan del sentimiento del verdadero hincha. El hincha que se expresó fuertemente en el último tiempo en contra de sus mandatarios, extrañando esas viejas épocas en las que podían concurrir a los estadios con sus familiares, y nada malo iba a pasarles. O algún memorioso, también recordaba el 17 de diciembre del 1967, cuándo por la última fecha del primer Campeonato Nacional se enfrentaban el local Independiente frente a Racing; y a pesar de la conocida rivalidad entre estos dos, el equipo anfitrión agasajó a su clásico con una gran fiesta por haberse consagrado campeón del mundo, tras vencer al poderoso Celtic de Escocia.

 

La gente extraña estos tiempos, pero tampoco hace nada para cambiarlo. El negocio está absorbiendo al fútbol y llegó el momento de que entendamos esto. Está sonando cada vez más fuerte la posibilidad de que el partido se dispute finalmente en Qatar, ya que es el país del mayor patrocinador del «xeneize», con la excusa de que el ganador estará cerca de Emiratos Árabes para disputar el Mundial de Clubes. Ya que como todos escuchamos en los últimos días, pareciera que «el show debe continuar».

Por su lado, el hincha de los dos más grandes de la Argentina debe entender que a veces, el amor no debe traspasar todos los límites. Podrán darle los puntos a Boca o se podrá jugar en una excéntrica sede, ya sea Miami, Doha o Madrid, cumpliendo con el inexorable y superlativo ingreso económico. Pero el acérrimo seguidor, deberá entender que en sus situaciones, ellos son un simple número. En el resto de los clubes, los hinchas son un pilar fundamental; debido a las necesidades financieras de las instituciones. Por todos estos motivos, estas irregularidades y torpezas, creo que llegó el momento de que cambiemos de una vez por todas la historia, y digamos finalmente basta. 

 

 

 

 

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